Desde el mes de enero he dedicado tiempo a terminar una novela y no me ha dado para el blog. Lo retomo ahora.
QUIENES FUERON LOS GANADORES Y LOS PERDEDORES DE LA GUERRA CIVIL
Pérez Reverte, cual si fuera un intelectual que promueve coloquios esclarecedores, invita a un debate que lleva por título “La guerra que todos perdimos”. El aplazamiento de esas jornadas por la retirada de algunos invitados ha desatado su habitual iracundia. Ya antes, en la novela “Línea de fuego”, desarrollada en las trincheras, había contemplado a los pobres soldados de una parte y otra pera llegar a la conclusión de que en la guerra todos fueron perdedores. Efectivamente muchos soldados de uno y otro bando fueron víctimas, en el sentido de que estaban allí porque los obligaban. Queda más claro el pensamiento de Pérez Reverte cuando ahora dice: “¿En serio puede haber imbéciles capaces de comparar a los soldados del frente con los políticos y generales de uno y otro signo, o con la chusma criminal que, emboscada en las respectivas retaguardias, robó y asesinó con impunidad, llenando de cadáveres cementerios y cunetas que las familias de unos exhumaron apenas vencieron y las de otros tardaron medio siglo en poder recuperar?” Es decir, para Pérez Reverte tanto en uno como en otro bando había soldados que morían y luego, en las respectivas retaguardias, políticos, generales y chusma criminal equiparables.
Esta manera de enfocar el tema rebela una clara posición ideológica y, además, penuria intelectual. Las trincheras no nos muestran las causas de la guerra, ni quienes son los que se beneficiaron y los que perdieron. En cuanto a las retaguardias: hay que ser ciego para verlas como semejantes.
El tema de por qué hubo una guerra civil y quiénes perdieron y ganaron con ella no está necesitado de debates para que opinen personas como Aznar (era uno de los invitados). Lo relevante ya ha sido bien aclarado por los historiadores.
En 1931 republicanos de izquierda y socialistas incluyeron en su programa el matrimonio civil y el divorcio, la secularización de los cementerios, la supresión del presupuesto de culto y clero y, sobre todo, la disolución de las órdenes religiosas y la nacionalización de sus bienes, sustituyendo los colegios religiosos que aquellas regentaban por una escuela “única” y laica. Pretendían privar a la iglesia católica de los medios con que ejercía su hegemonía social y cultural. No tuvieron tiempo. En seguida llegó el llamado “bienio negro” (1933-1936) con gobiernos de centro-derecha, mucha conflictividad social y represión de movimientos revolucionarios.
Para las elecciones de Febrero de 1936 Largo Caballero pactó con los comunistas un programa que incluía la nacionalización de la banca, la expropiación total de la tierra -excluidas las pequeñas propiedades cultivadas directamente por sus dueños- y el control obrero de la producción. Cierto que de esto quedó poco cuando Largo Caballero pactó un programa de Gobierno con Azaña, pero estaba claro por dónde iban los tiros.
Evidentemente se sentían perjudicados por la República financieros, terratenientes, iglesia católica y las conexiones de ellos con el ejército, sobre todo con los africanistas que habían hecho carrera rápida gracias a la guerra colonial. Estos perjudicados fraguaron y financiaron el golpe militar y la guerra, y ellos fueron por tanto los claros beneficiados de la victoria franquista. Perdieron los integrantes del frente popular, que pretendían mayor justicia y racionalidad en la organización del país, los asesinados y muertos en combate de una parte y otra, los fusilados tras juicios militares sumarísimos, los obligados a emigrar y los que, siendo progresistas, tuvieron que soportar durante 40 años una dictadura fascista. Incluso se puede decir que el golpe militar y la guerra civil fue un aviso que siguió vigente a la muerte de Franco, cuando se pactó la Transición. Y que sigue vigente. No hay más que ver la timidez del PSOE a la hora de tomar decisiones que puedan molestar a los mismos de entonces. Los poderes reales tienen muchas formas de impedir que se sobrepasen ciertas líneas.
¿Qué es lo que falta? Que se se promueva un congreso de historiadores españoles y extranjeros, con prestigio como conocedores del tema, para que consensúen una descripción de lo que ocurría en España antes de la Segunda República y lo que ocurrió luego (el golpe militar, la guerra civil y la dictadura franquista), fundamentada con rigor, a fin de que esa descripción se enseñe en las escuelas y sirva de contraste frente al silencio y las tergiversaciones burdas, tan habituales.
¿Por qué no se ha hecho ni se intenta hacer? Porque se sabe que la derecha cerril española se opondría furiosamente. Mientras la socialdemocracia y la izquierda aceptarían un relato riguroso (por más que incluyera todo aquello que se les puede reprochar) la extrema derecha (PP y Vox) nunca tolerarán que se enseñe en las escuelas lo que hicieron sus antecesores. En la Transición los demás partidos se plegaron a las exigencias de los franquistas, y es triste que entre ellos estuviera el PCE de Carrillo. Hemos tenido por ello que soportar la desvergonzada monserga de que hubo una guerra entre hermanos, que todos la sufrieron, que por ambas partes hubo excesos, que todos fueron perdedores y que quien quiera esclarecer lo que ocurrió está abriendo heridas. Contar la historia con objetividad no reabre heridas, más bien cierra viejas heridas. Pero sí, produce heridas en PP-Vox, que prefieren que la verdad quede expulsada para siempre del conocimiento de la población. Y los demás consienten.
CRECIMIENTO Y DECRECIMIENTO
La economía capitalista necesita crecimiento y desarrollo por su propia lógica. Este modelo crea graves problemas al incrementar la demanda de energía, tierra y uso de materiales, esquilmando recursos escasos y colaborando al cambio climático.
Los gobiernos, como buenos servidores del poder económico, siguen propugnando el crecimiento como si no hubiera otra forma posible de economía y organización social, aunque, eso sí, hablando de crecimiento sostenible. Pero el crecimiento sostenible es una quimera.
Dado que la mayoría de los países “desarrollados” ya poseen y producen lo suficiente para proporcionar una vida digna a todos sus ciudadanos, algunos teóricos proponen una política económica de decrecimiento basada en disminuir tanto la producción como las desigualdades en el acceso a los bienes.
Se diría que con esta propuesta hemos de estar de acuerdo, pero me sorprende que se haga sin nombrar el obstáculo insalvable ni hacer mención a la solución.
Mientras sigamos en el capitalismo la reducción de las desigualdades es otra quimera. Recordemos que en su último informe anual sobre el reparto de la riqueza la ONG Oxfam Intermón señaló que 2025 fue «un año histórico para el capital»: un reducido grupo de 3.000 personas en todo el mundo acapara casi 18,3 billones de euros mientras «la mitad de la población mundial vive en situación de pobreza con menos de 8,3 dólares al día».
Cuando algunos dicen que hay que impedir «la posibilidad de acumulación ilimitada de poder y recursos por parte de una minoría», no explican cómo. Esa minoría no sólo está interesada en que la tendencia de acumulación no se interrumpa, sino que tiene poder para controlar la actividad legislativa de los partidos, la opinión pública y los procesos educativos (mediante centros de educación, medios, redes y plataformas de propiedad privada).
En cuando a la verdadera solución: sólo hay una, el comunismo. Y precisamente por ello el poder económico se ha volcado en demonizarlo y lo ha conseguido (sin oposición, hay que decirlo con tristeza). La burda identificación de comunismo con estalinismo y fracaso ha tenido tanto éxito que el PCE, asustado, ideó Izquierda Unida precisamente para ocultar la palabra “comunista” y allí se escondió en compañía de otros, entre ellos ¡el partido Carlista! Ahí vemos a la derecha utilizando la palabra “comunista” como un insulto o una descalificación. Leo que Pepe Viyuela ha dicho en ‘La Revuelta’: “A lo mejor se me acusa de comunista pero creo que intervenir el mercado [de la vivienda] es importante”. Es decir, teme que se le acuse de comunista. Y sin embargo no hay concepción social tan luminosa como el comunismo, la gran utopía, la maravillosa utopía que espera mejores tiempos.
Para Marx la economía socialista, representada por la fórmula “a cada uno según se trabajo”, sería una etapa previa, mientras el comunismo consistiría en que cada cual reciba según sus necesidades. Dada la actual tecnología todos podrían tener a su disposición, al momento, cualquier cosa que necesitaran, bastaría pedirla. Eso sí, sin lujos , se habría acabado soñar con viajar en un jet particular o tener por ahí anclado el yate.
Esta forma de vida implica la supresión de la propiedad privada y del dinero y de ello se sigue que en una sociedad comunista, viviendo todo el mundo muy bien, el ahorro de recursos y trabajo sería tan impresionante que es difícilmente imaginable: serían superfluos el ejército, el armamento, las policías, la mayoría de los funcionarios, entre ellos los jueces, las costosas burocracias, pues casi todo esto se ha diseñado en defensa o como consecuencia del derecho de propiedad. Teniendo en cuenta la ayuda de robots la necesidad de trabajo sería pequeña, pero no habría paro, porque el trabajo necesario se repartiría entre los capacitados de manera equitativa. Al no existir la presión de los grandes poderes económicos se podrían tomar decisiones racionales ante cualquier problema. Siendo esto el comunismo, cualquiera que tenga suficiente conocimiento y compasión ha de simpatizar con él, aunque cabe una objeción: que como utopía es una maravilla, pero que es de imposible realización. De acuerdo, es de imposible realización hoy. Pero ¿por qué? ¿Acaso porque se opone a alguna ley natural?
No. Es imposible porque la impide el poder económico con toda su fuerza, pero también porque se opondrían muchos de sus beneficiarios. He aquí un caso típico de falsa conciencia.
Por el momento sólo cabe intentar que surja un partido comunista internacional que dedique sus esfuerzos a ir poco a poco cambiando la ideología popular a base de introducir en las cabezas de los explotados información, razón y benevolencia. Y hoy por hoy ese partido no existe.
“UNIDAD DE LAS IZQUIERDAS”: UN NOMBRE MAL ELEGIDO Y UNA ESPERANZA
A la unidad de los socialdemócratas (que son procapitalistas y, en consecuencia, de derechas) se la llama “unidad de las izquierdas”. Se habla de izquierda alternativa para designar a esa derecha socialdemócrata que está a la izquierda del partido socialista. El propósito de “unidad de las izquierdas” (en el que están Izquierda Unida, Más Madrid, Movimiento Sumar y Comuns) es muy legítimo salvo por el nombre. Podemos se ha unido al baile. «A mí, hacer equipo con Rufián me parece una muy buena idea», ha dicho Irene Montero con la vista puesta en las elecciones generales de 2027. Traducción al cristiano: “temo una debacle electoral y creo que hacer equipo con Rufián lo evitará”. Hace poco Irene Montero definió el acto del portavoz republicano con Emilio Delgado como un “cálculo electoral” sin contenido. ¡Viva la coherencia!
Si a alguien le parece arbitrario no considerar a Izquierda Unida de izquierdas, pese a que tiene dentro al PCE, valga responder que por sus obras los conoceréis, no por sus nombres. El PCE ya había dejado de ser marxista y comunista desde que Santiago Carrillo, Georges Marchais y Enrico Berlinguer idearon aquello del eurocomunismo, que no fue otra cosa que la aceptación de la “democracia formal” burguesa como verdadera democracia, lo que en el fondo fue una aceptación del capitalismo. Los resultados están a la vista: los entonces pujantes partidos comunistas español, francés e italiano no levantan cabeza.
Pero no todo es desesperante. En Euskadi parece que se mueve algo a la izquierda de EH Bildu.
El Euskal Herriko Kontseilu Sozialista (EHKS) se presenta con un proyecto anticapitalista y con perspectiva de clase. Y fíjense lo que ha conseguido: cuenta con una de las principales organizaciones estudiantiles -Ikasle Antolakunde Sozialista-, con la organización juvenil GKS, con un sindicato de la vivienda, una red de autodefensa laboral y una organización comunista de mujeres denominada Itaia. ¡Y además no es electoralista!
Esto es lo mejor, porque una cosa es presentarse a las elecciones con un programa anticapitalista (uno de cuyos puntos ha de ser desenmascarar el engaño de las leyes electorales, bien diseñadas para que la izquierda no pueda llegar al poder, y por tanto denunciar el fraude de la democracia burguesa) y otra muy distinta es ser un partido electoralista, como todos los que ahora constituyen la llamada izquierda alternativa. Un partido electoralista es el que no tiene otra aspiración que conseguir poder institucional a través del éxito electoral. A eso han dedicado su esfuerzo y su dinero los partidos que se llaman de izquierdas, obligados a presenciar como Cáritas hace una parte de lo que deberían estar haciendo ellos. EHKS es entonces una excepción. De momento está teniendo un crecimiento sorprendente que demuestra que hay mucha gente esperando algo así, la que se movilizó cuando Podemos nos hizo creer que venía para hacer otra cosa.
HAY QUE INSISTIR EN QUE EL PROBLEMA NO ES TRUMP
Soy fan de Trump, porque él solito ha conseguido lo que la izquierda mundial no ha podido conseguir en las últimas décadas: demostrar lo aterrador que es el capitalismo cuando se quita la careta.
Se puede hablar de Trump como si tuviera significado por sí. Y entonces diremos que es ignorante, infantil, caprichoso, que tan pronto insulta a los aliados porque no le siguen en sus aventuras bélicas como dice que irán a besarle el culo, etc., etc.
Este es un análisis superficial. Si queremos explicar a Trump más allá de Trump hemos de fijarnos en el ocaso del imperio. Sin duda los expertos estadounidenses llevan tiempo percibiendo ese ocaso. Y también lo han percibido los del MAGA, porque “hacer grande a América otra vez” significa un deseo, pero también la constatación de un hecho: que América ya no es grande, que ya no es dueña del mundo, como venía siendo desde la caída de la URSS. Ni que decir tiene que el MAGA identifica grandeza con fuerza bruta para dominar el mundo, no con población admirable. Por eso no coloca la solución en hacer mejor el país, sino en evitar el ascenso imparable de China, que es lo que impide que Estados Unidos mantenga su sueño imperial. Para esto se ha intentado de todo y siempre sin éxito. Trump quiso castigar a China con los aranceles y tuvo que dar marcha atrás. Lo último ha sido meterse en una guerra para perjudicar a China impidiendo que el petróleo de Irán llegue a sus puertos, pero al final no se sabe si la medida perjudica más a Estados Unidos.
Esta es la partida que se está jugando. A esto se añade que, como Trump es un ricachón inmaduro e ignorante, manifiesta su frustración de maneras nunca vistas, lanzando baladronadas para sentirse por un rato lo que no es, dueño del mundo, jefe de un imperio invencible que dicta, a su capricho, las reglas por que deben regirse los demás, que sanciona y castiga según le viene en gana.
Así hay que interpretarle cuando amenaza a los iraníes con una acción estadounidense devastadora y sin precedentes, cuando dice “el martes que viene será el Día de las Plantas Energéticas y el Día de los Puentes, todo en uno” jactándose así de crímenes de guerra, cuando brama con un tono apocalíptico “Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno. Esperad y mirad. Alabado sea Alá”. Pone día y hora al momento en que «se desate el infierno sobre ellos» y advierte a Irán de que todo el país «puede ser aniquilado en una sola noche» «Y esa noche podría ser mañana mismo». «Esa noche morirá toda una civilización para no volver jamás». O también «estoy pensando en volarlo todo por los aires y apoderarme del petróleo», dicho en primera persona.
Cierto que es un loco peligroso, porque EE UU tiene una enorme fuerza militar, pero también la tienen Rusia y China. Provocar una guerra mundial sería funesto para los enemigos de Estados Unidos, pero también para Estados Unidos. Afortunadamente China no entra al trapo y espera tranquila, mientras el falso prestigio de Estados Unidos, hasta ahora sostenido por una propaganda omnipresente, está de capa caída. No le demos vueltas: Trump parece un personaje de comedia bufa, pero es un personaje de tragedia, que se retuerce impotente mientras suena “El ocaso de los dioses” wagneriano.
¿QUEDA ALGÚN MEDIO QUE NO HAGA DAÑO?
En el programa de Silvia Intxaurrondo en RTVE un tertuliano tuvo a bien advertirnos de que China es una dictadura que no respeta los derechos humanos, dando a entender que nosotros, en cambio, somos democracias que respetamos los derechos humanos. Los contertulios callaron y la misma Intxaurrondo, ella tan combativa en otras ocasiones, dio por bueno el veredicto. Apagué el televisor, todo tiene un límite.
LA FABRICACIÓN DE LA GENTE
Volvamos al tema básico: ¿por qué están en el poder los Trump y Miley, por qué asciende en el mundo la extrema derecha? No es que la juventud no vea claro el futuro, o que los restantes partidos no hayan sabido hacerlo bien. Si tuviéramos una juventud mentalmente sana todo eso la motivaría a otros comportamientos, no a votar a la extrema derecha.
Miguel Ángel Rodríguez descalifica a los votantes del PSOE diciendo: “Un tercio de España está podrido”, pero resulta más objetivo decir que una gran parte de España está mal fabricada, y no es tanto la parte que vota al PSOE como la que vota a la extrema derecha (PP y Vox).
A la mayor parte de la gente le suena muy mal oír que las personas son fabricadas por el sistema social. Y es que la concepción habitual da por cierto que cada persona nace con un alma libre, que es su verdadero ser. La persona puede ser influida por las circunstancias (el “yo soy yo y mis circunstancias” del eximio Ortega) pero el “yo” es el alma, que en todo momento conserva su libertad metafísica, la libertad de un ente espiritual. La concepción científica muestra algo bien diferente: nadie nace persona, sino animalito que sólo puede llegar a persona si aprende la lengua del grupo. Pero aprender a hablar no es aprender palabras, sino palabras ligadas a sentimientos y pautas de acción, palabras que definen a “yo” y a los otros, que valoran, que permiten situar espacio-temporalmente el pasado y prevenir o diseñar el futuro, que explican mediante relaciones causales, unas verdaderas, otras falsas, que fabrican mitos (por ejemplo el de la patria, el del amor eterno, el de las entidades divinas de cuya existencia no hay prueba alguna, pero por las que se muere y se mata).
Por eso es básico lo que va entrando en la cabeza del niño mientras aprende la lengua. El problema a nivel profundo de la población occidental no está en las circunstancias, sino en su mala fábrica, porque desde hace siglos el sistema elitista ha empleado como ingredientes la religión del único dios verdadero, el egoísmo, la ignorancia, el miedo, la ambición de dinero, la frustración por no conseguirlo y el resentimiento. No toda la población obedece a este modelo, afortunadamente, pero sí una mayoría, esa que va dando alas a la extrema derecha.
Esta desgracia está empeorando a ritmo forzado, desde que una escuela ya de por sí poco eficaz está siendo sustituida por las redes y las plataformas de propiedad privada, que defienden con su enorme poder la libertad de sus dueños frente a la regulación pública.
Trump está ahí porque le han votado sus conciudadanos después de que le conocían como presidente, pues ya lo fue. Este hecho prueba que EE UU es un país con una mayoría de la población mal fabricada en los capítulos intelectual y moral, que no sólo vota a Trump sino que acepta los genocidios a que acostumbra su país, aceptan y premian que sus dirigentes utilicen la fuerza bruta para amedrantar y explotar al mundo. Esa misma mala factura tienen las poblaciones restantes del mundo capitalista, y por eso en España gobierna la extrema derecha (PP y Vox) en muchas comunidades, y por eso en Argentina se vota a Miley y en Italia a Meloni.
UN COROLARIO: SOBRE EL BURKA Y OTRAS PRÁCTICAS SEMEJANTES
Algunos políticos se plantean prohibir el burca.
Creo que el burka es un instrumento cultural de dominación de las mujeres.
Creo que los zapatos de altísimos tacones, la ropa y lencería sexi y los maquillajes llamativos son también instrumentos culturales de dominación de las mujeres. En ambos casos se las controla y se les hace daño al mismo tiempo.
Hay sin embargo una diferencia: en muchos casos las mujeres llevan el burka aunque no quieran, mientras que las mujeres occidentales no están obligadas a llevar determinado calzado o ropa, ni a maquillarse.
Comparemos, por tanto, a las mujeres que llevan el burka porque quieren con las mujeres occidentales que “se arreglan” a la manera citada porque quieren.
Todas ellas tienen esa querencia porque han sido fabricadas para tenerla. A las mujeres del burka se las ha hecho creer que llevarlo es una obligación religiosa. A nuestras mujeres se las ha hecho creer que son el bello sexo y que deben actuar en consecuencia.
Prohibir el burka a las mujeres que quieren llevarlo es equivalente a prohibir los tacones altos, el maquillaje llamativo y la ropa sexi a las mujeres occidentales.