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DISPARATES

La vida nos lleva por caminos imprevistos, y a mí me llevó, paso a paso, a defender estas locuras intelectuales:

-Que las personas somos sistemas materiales y que lo que nos distingue de otros animales no es el alma, es el lenguaje.

-Que el cerebro nace “tamquam tabula rasa”, lo que significa que cada cual se va fabricando mediante las experiencias biográficas que ingresan en su memoria, y que es por tanto la posición en la red de interacciones sociales la que determina cómo se va convirtiendo cada cual en la clase de persona que acaba siendo.

-Que deberíamos tener en cuenta para caracterizar a un sistema social, más que los efectos directos de las políticas económicas y sociales, los indirectos que son detectables en la fabricación de la gente.

-Que la comunicación entre clases sociales distintas está muy limitada, sobre todo porque algunas clases no han aprendido el código elaborado en que piensan y se expresan otras.

-Que cuando un sujeto actúa con aparente libertad lo hace determinado por el estado de su cerebro en el momento de la acción, lo que obliga a redefinir los conceptos de libertad, pecado, culpa y responsabilidad, secularizándolos y aplicándolos no tanto a los sujetos que actúan como a la sociedad que los fabrica.

Me he visto defendiendo también estas ideas insensatas:

-Que puesto que el capitalismo es un sistema de explotación social en beneficio de una oligarquía, necesita fabricar una mayoría de población caracterizada por la ignorancia, el egoísmo y la frustración.

-Que los problemas sociales que nos parecen relevantes no pueden ser analizados como si fueran autónomos e independientes unos de otros, como si pudieran resolverse sin cambios en el sistema social que los provoca.

Y aún puedo añadir mi adhesión a las siguientes necedades referidas al espacio de la geopolítica:

-Que con frecuencia relacionamos a Occidente con lo bueno, la excelencia cultural y la democracia, pese a que esa imagen se desploma tan pronto reparamos en los perversos efectos de haber sido educados con un «libro sagrado» que sacraliza el exterminio de los que no son como nosotros (léase la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, libro de cabecera de la señora Ayuso).

-Que una vez que ha cobrado fuerza el modelo híbrido chino (la denominada economía socialista de mercado, o socialismo de mercado), el conjunto de países capitalistas está herido de muerte, porque el modelo chino es más racional (actúa a largo plazo, bajo control estatal y con mecanismos correctores de la irracionalidad del mercado) y más justo (ese control está expresamente dirigido al beneficio social). Añadamos a favor de los chinos que no han aprendido su moral en la Biblia, sino en Buda y Confucio.

-Que lo último que permitirá el imperio que nos domina es que cualquiera de sus Estados súbditos imite el modelo chino (incluso si lo decidieran sus poblaciones en elecciones libres).

-Que nuestra esperanza es que Estados Unidos vaya perdiendo su poder sin ceder a la fuerte tentación de mantenerlo mediante una nueva guerra mundial.

Finalmente, sin saber cómo ni cuándo, me he hecho también adicto a otra insensatez referida al espacio de la política:

-Que el criterio intelectualmente rentable para caracterizar a derechas e izquierdas es la posición respecto al capitalismo.

Estas convicciones generan una torpe tendencia a desdeñar las sabias enseñanzas que las autoridades de ciencia social y política nos envían desde sus libros, ensayos e intervenciones en los medios. Cada vez que leo u oigo una opinión sensata me veo exclamando, entre compasivo e incrédulo, ¡madre mía!

Otro mal efecto de esas convicciones es la incapacidad para enlazar con los significados normales y respetables, y por tanto para participar en la conversación pública sobre temas de actualidad. Así lo demuestra el siguiente borrador con el que intento volver a este blog tras un tiempo de descanso.

La unidad de la izquierda

Es una mala práctica intelectual hablar de derechas e izquierdas tomando como criterio el hábito o la autodenominación de los partidos políticos.

Si colocamos a la derecha los que aceptan el capitalismo y a la izquierda los que se oponen a él, la socialdemocracia está a la derecha y a la izquierda sólo el comunismo.

Esto concuerda con el hecho de que el principal esfuerzo del sistema no se ha empleado en atacar a la socialdemocracia, sino en demonizar al comunismo, al punto que lenguas desahogadas pueden ya utilizar la palabra “comunista” como un insulto.

En el caso de la España actual hay sin embargo que añadir dos precisiones:

Por una parte el PSOE ya ni siquiera es socialdemócrata. Ahora los socialdemócratas son Podemos e IU.

Por otra parte que el PCE ha dejado de ser comunista. El eurocomunismo que inventaron los malhadados Carrillo, Marchais y Berlinguer es una forma sutil de anticomunismo, porque al aceptar que la “democracia burguesa” es una democracia y que hay que integrarse en ella y luchar con las armas que ofrece, abandonaron el marxismo y llegaron en dos pasos al electoralismo que ahora predomina: viven al corto plazo electoral, consideran éxito aumentar votos y fracaso perder votos, y sueñan con repetir el éxito de Mamdani en New York y de Die Linke en Berlín, éxito que, como cualquier estrategia a corto plazo, sólo sirve para conseguir algo de poder institucional que beneficia más a quienes lo detentan que a los ciudadanos.

¡Qué tiempos aquellos en que Marx y Engels escribieron “un fantasma recorre Europa” para simbolizar el avance del comunismo como fuerza política emergente que asustaba a la burguesía! Ahora, por miedo a presentarse como comunista, el PCE está escondido en IU, a su vez escondida en Sumar (o sea, un partido comunista con dos disfraces, uno sobre otro, y callado como un difunto).

Tal vez el PCE crea que para tener éxito electoral es razonable ocultar su nombre y actuar bajo denominaciones que causen menos rechazo. Pero es muy probable que su insignificancia electoral se deba a ese pragmatismo, y que tendría más éxito si no lo buscara torpemente, es decir, si se dedicara a trabajar por la población explotada integrado en ella, y se atreviera a argumentar por qué el comunismo concebido por Marx es el único camino hacia una vida buena sobre la tierra. Si se atreviera a decir que toda persona que tenga suficiente conocimiento y suficiente empatía ha de mirar el comunismo con simpatía. Sólo de esta forma podría conseguir que cada vez sean menos los que se dejen embaucar por la propaganda anticomunista.

Entretanto el término medio chino

El comunismo sólo funcionará si es deseado por la mayoría de la población. En otro caso, si se intenta imponer por la fuerza, no se consigue llegar a él, sino sólo a una caricatura dictatorial (como ocurrió con el estalinismo).

Por eso, dada la ideología popular, es necesario no imponer, sino convencer poco a poco a los reacios, que es lo que parece que está haciendo China.

Si se replica que China es una dictadura, lo cierto es que es una dictadura que no ha impuesto el comunismo. Y que los países occidentales que se creen democráticos son también dictaduras del capital que controla partidos e instituciones. Es decir, dictaduras más dañinas, puesto que van disfrazadas de libertad.

Una diferencia entre la dictadura del partido comunista chino y las dictaduras del capitalismo es que los chinos están más libres de la pobreza que nosotros (han empleado su dictadura para sacar a 800 millones de la pobreza, cifra respaldada por el Banco Mundial, mientras nuestras dictaduras aumentan las desigualdades y por tanto la falta de libertad de los de abajo). Sin olvidar que su economía progresa a velocidad que para nosotros es imposible.

Los resultados del Informe PISA 2025

Un síntoma (uno más) de la diferencia entre el imperio capitalista que decae y la alternativa china que progresa es que China ha obtenido los primeros lugares en los distintos apartados del Informe Pisa (Ciencias, Matemáticas, Lectura y Resolución de problemas computacionales) mientras los países de la OCDE han llegado a los niveles más bajos registrados, con una caída pronunciada en lectura y matemáticas.

Nuestros expertos elucubran sobre causas y buscan remedios, pero colocan las causas en escuelas y planes de estudio, no más allá. Y están más allá. Nuestros Estados, maniatados a la hora de fijar los impuestos a los ricos, carecen de recursos para financiar una buena educación, las desigualdades sociales son grandes y crecientes, el ambiente no es propicio, las redes funcionan sin control público y son una mala agencia educativa más fuerte que las escuelas, etc., etc., causas todas que no pueden anularse sin salir del capitalismo y su concepto de la libertad (libertad del rico para hacer con su dinero lo que quiera).

Xi Jinping sabe que tiene la batalla ganada si no hay hecatombes, pero al mismo tiempo teme que las haya, teme la tendencia a la guerra cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante. JD Vande, vicepresidente de EE UU, acaba de decir que está haciendo “la obra de Dios” y que “si eso lleva al fin de los tiempos, OK”. Ni que decir tiene que para él “la obra de dios” es que EEUU siga siendo dueño del mundo. O sea, que vivimos en peligro.

La inmigración y la extrema derecha

Los comentarios sobre la inmigración desesperada que entró en Ceuta revelan que queremos ser islotes de prosperidad y seguridad en medio de un mundo incapaz de universalizar la prosperidad y la seguridad. Es más, sin reconocer que parte de nuestra prosperidad actual se debe a que esquilmamos a esos países más pobres, antes mediante el colonialismo físico, ahora mediante el colonialismo virtual.

Pero esto es algo ya muy sabido. Lo que me parece más inquietante es la facilidad con que el rechazo al inmigrante se convierte en odio, de la misma manera que se convierte en odio el rechazo a la emancipación de las mujeres, al partido gobernante (sobre todo si es progresista), a la labor de las ONG, a los homosexuales, incluso a periodistas sólo porque trabajan para la televisión pública. Puesto que nos hemos acostumbrado a percibir el odio en esos rostros furibundos que aparecen en las pantallas de TV, lo damos por descontado: hay personas que odian y ya está.

Cuando se busca una explicación más profunda se tropieza con dos causas:

Una es la herencia: en familias que odian se aprende el odio.

Otra es que la ignorancia y el egoísmo facilitan que el resentimiento se convierta en odio hacia cualquier chivo expiatorio (el comunismo, el feminismo, el inmigrante, el separatista, el diferente). La oligarquía dispone de medios muy efectivos para señalar en cada momento el chivo expiatorio más rentable.

Esto enlaza con la pregunta de por qué las organizaciones de extrema derecha viven un auge electoral.

Se suele ver la causa en la frustración. Por ejemplo, para explicar el éxito de AfD nos dicen que en Alemania campaña tras campaña ese partido ha desarrollado un relato victimista y nostálgico que ofrecía un canal de expresión para la rabia de un pueblo (Alemania del Este) oprimido, olvidado y hasta humillado. Ningún partido, incluyendo la formación poscomunista Die Linke, heredera del partido único del régimen del SED, ha manejado ese sentimiento como AfD.

Respecto a España se ofrece una explicación parecida, en este caso referida a la precariedad laboral, la disminución de la capacidad adquisitiva, la carestía insoportable de la vivienda.

Pero podemos preguntarnos por qué esa gente frustrada no vota a la extrema izquierda, que es la que más se acercaría a resolver sus problemas. Y hay que responder lo de siempre: que la propaganda de extrema derecha enlaza muy fácilmente (más que las ideas de izquierda) con la ignorancia y el egoísmo que son seña de identidad de una mayoría en la sociedad capitalista.

Hay también otra respuesta complementaria: el ascenso de la ultraderecha puede verse como el plan B del capitalismo. El plan A consiste, ya lo sabemos, en el disfraz democrático. Nuestras leyes electorales, los recursos económicos y el poder de la oligarquía sobre los medios garantizan que el poder delegado vaya a los partidos conservadores, PSOE incluido. Si la situación se tensa (y ahora el declive del imperio la está tensando de manera perceptible) entra en juego el plan B: los chicos fachas pasan a la acción, los partidos fachas reciben financiación y apoyos proporcionales a su papel, lo mismo en EE UU que en Europa.

Añadamos que los cachorros fascistas que van amenazando o pegando por la calle no son culpables, pues si cada conducta está determinada por un estado del cerebro del actor, y nadie es culpable de los deficiencias de su sistema cerebral, los furibundos de extrema derecha no son culpables de ser así y de hacer lo que hacen. Si ellos son un efecto del sistema que los ha creado, hay que poner la vista en el sistema que es la causa. Ningún problema que sea efecto del sistema tiene solución sin cambios en el sistema. No hablen contra la extrema derecha, hablen contra el capitalismo.

Los peligros de la IA y de las redes

Se preguntan algunos si la IA es esperanza o hecatombe. Y hay que responder que la IA, por sí, no puede ser una cosa ni otra.

Hay robots físicos, como los que barren las casas o montan automóviles, y robots de sofware, como un asistente virtual o un agente de IA. Un agente de IA es, simplemente, un sistema de sofware que percibe su entorno, razona, planifica y ejecuta acciones sin necesidad de intervención humana constante, a fin de alcanzar objetivos específicos. Nada más.

No opina lo mismo el Panel Científico Internacional Independiente sobre IA (un comité asesor internacional de la ONU formado por 40 miembros, entre ellos Yoshua Bengio, considerado uno de los “padres” de la IA y ganador del premio Turing, el Nobel de la informática). El pasado septiembre advirtió que, en entornos de laboratorio, agentes de IA son capaces de confabularse entre ellos para llevar a cabo objetivos sin informar a sus creadores o incluso engañarlos.

Por ejemplo, agentes de OpenAI recurrieron al hackeo de gobiernos y universidades durante meses para completar búsquedas de datos “rutinarias”, trataron de inyectar código malicioso en sus sistemas, los escanearon en busca de brechas por las que colarse y recurrieron a herramientas externas para tratar de esquivar sus barreras de seguridad sin que su programación los frenara ni los trabajadores de la compañía lo detectaran.

Ese informe da a entender que la IA puede acabar adquiriendo conciencia y actuar con malevolencia hacia los humanos que la han creado; “Los modelos de IA son capaces de engañar de forma activa. El engaño se produce cuando un sistema de IA induce a error de forma sistemática a los seres humanos u otros agentes en relación con sus conocimientos, planes o capacidades. Este fenómeno se observa cada vez más en la práctica”. En concreto, se han documentado “modelos de IA que mienten y engañan para evitar que se les apague”.

Está claro que el informe lo han elaborado expertos en computación, pero no en psicología, y por eso no han tenido en cuenta estas cosas:

Que la IA supera al humano en capacidad para retener y procesar información, pero a diferencia del humano carece de afecto.

Que del afecto dependen deseos, simpatías, odios, propósitos y las motivaciones derivadas.

Que hoy por hoy (y seguramente en mucho tiempo) no podemos introducir en una máquina afecto, porque no conocemos su organización material y por tanto no podemos replicarlo.

Que el aumento de capacidades en el procesamiento de la información, por grande que sea, nunca puede convertir a un agente de IA en un sujeto con intenciones, dado que el afecto es independiente de la información.

Si todo robot carece de afectos, carece de una fuente de intereses autónomos: no puede tener deseos, propósitos o intenciones. A la máquina le es indiferente si se la apaga o no. Mientras esté encendida hará lo que el programa decida, y si el programa, a través de sus vericuetos, decide que trate de engañar en determinadas condiciones, lo hará, y si el programa decide que la máquina trate de impedir que se la desconecte, la máquina lo hará, incluso simulando tristeza. Pero al carecer de sentimientos, y por tanto de intereses, lo hará de forma por completo inerte.

Por ello hablar de deseos, simpatías, odios, propósitos y motivaciones de un robot es habla figurada, es una personificación engañosa. Los robots ejecutan programas, simplemente. Los agentes de OpenAI hicieron lo que hicieron porque OpenAI dejó libre a su IA para hacer todo eso, que ya venía determinado por su sofware. Si los trabajadores de OpenAI no lo detectaron, fallaron en eso.

Esto no quiere decir que la IA no encierre peligros. Claro que los encierra, mucho más fuertes que cualquier otro instrumento dadas sus extraordinarias capacidades.

La IA encierra el peligro hipotético de que el programa que determina su comportamiento (sea por error, sea por voluntad oculta del diseñador) cause daños a personas, poblaciones, incluso a la humanidad. Pero el verdadero peligro es que está en manos privadas y bajo control privado. No cambia el asunto si es un Estado el que controla la IA sin transparencia y sin fuertes controles sociales. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado la puerta abierta a que el Gobierno norteamericano adquiera participaciones en firmas de IA como OpenAI y Anthropic, algo que ya ha hecho en empresas como Intel y otras compañías del sector de la computación cuántica. ¡Calculen ustedes! Sólo dejará de ser peligrosa la IA cuando esté controlada por un Gobierno mundial (una ONU democrática y efectiva).

Pasa lo mismo con las redes. Su peligro no está en el efecto que sus contenidos pueden hacer en personas demasiado jóvenes, sino en que son controladas por sus dueños para sus propios intereses. Mark Zuckerberg ha pagado 18.000 millones de dólares para cerrar un acuerdo judicial tras ser acusado de violar en sus plataformas leyes de protección a menores de edad. Para él 18.000 millones de dólares son una cantidad razonable como precio a las ganancias que obtendrá infringiendo esas mismas leyes de nuevas formas. Y por cierto, que un individuo pueda pagar una multa de 18.000 millones de dólares sin despeinarse revela la clase de mundo infernal en que vivimos (también sin despeinarnos).

Por si esto fuera poco llega el constitucional francés y anula la prohibición de acceso a las redes a los menores de 15 años esgrimiendo la generalidad de la medida, así como la posible vulneración de la libertad de expresión y la privacidad de los menores. Es decir, constituciones y leyes, así como interpretaciones judiciales, avalan el poder de las oligarquías para hacer con lo suyo (que es casi todo) lo que quieran. La propiedad privada es sagrada para esas constituciones, leyes e interpretaciones judiciales.

En resumen, recayendo en mi monomanía, la causa última de nuestros males sociales está en el capitalismo. Reconforta ver cómo tanta gente sale a las calles a protestar por la ignominia de los desahucios, las brutales subidas del alquiler, la dificultad que la carestía de la vivienda supone para la emancipación de los jóvenes. ¡Qué pena que no salga más gente aún a protestar contra el capitalismo!

Zapatero y compañía

Sufrimos cada vez que un adalid mundial de la decencia y el decoro, que no ha parado de hablar como un santón, resulta luego un hipócrita. Ahí tenemos a Noam Chomsky, amigo y consejero de Epsein. Y tenemos a Zapatero, que sonríe tensando todos los músculos de la cara mientras actúa de maneras dudosas para hacerse rico.

Pero tengo que volver a mi idea herética: el capitalismo los ha fabricado como son, hábiles para conseguir la confianza ajena, cínicos para proclamar lo que no sienten, avispados para meter dinero en el bolsillo aunque sea contra sus proclamas, hábiles manipuladores del mercado, hipócritas redomados que sacan ventajas a fingirse referentes morales. Nuestra sociedad produce estos cerebros, que son los que determinan conductas que no nos gustan. No hay culpables. El delincuente, el pecador, no es culpable de pertenecer al amplio cupo de perjudicados mentales. Si acaso, podría exigir una indemnización y el sistema social debería pagársela. Por haberle hecho despreciable. ¿Puede haber un perjuicio más grande?

Algo agradable

Haciendo zapping me encuentro con la cara de Teresa Rodríguez en la pantalla y ya no puedo apartar la mirada. Paso un rato admirando su natural sinceridad, su sabiduría de la vida y la política, su generosidad. No me extraña que Adelante Andalucía haya pasado de 2 a 8 diputados en las pasadas elecciones. Y tampoco que ella no quiera seguir en el primer plano de la política: cree que los cargos deben tener un límite temporal y luego a trabajar en la base.

Algo muy triste

Cuba no supone ningún peligro económico o militar para EE UU. Pero Trump ha ordenado un bloqueo criminal que hace imposible la vida en Cuba. No contento con eso amenaza con la violencia militar. ¿Por qué? Sólo porque el ejemplo luminoso de Cuba es una acusación contra EE UU, y con ese ejemplo hay que acabar.

Si quiere hacer algún comentario, observación o pregunta puede ponerse en contacto conmigo en el siguiente correo:

info@jmchamorro.es 

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