Hay una cuestión importante, que nos afecta a todos lo sepamos o no, lo queramos o no, y hay sucesos que se derivan de ella. Estos últimos son los que están presentes, día tras día, en los medios de comunicación, tratados como si fueran autónomos y decisivos, y siempre sin mencionar su causa.
ASUNTOS DERIVADOS
Voy a fijarme en estos: elecciones en Andalucía; el caso Zapatero; el silencio mundial ante el historial delictivo de Trump.
Elecciones en Andalucía
Son un asunto menor (la política económica que haga el nuevo gobierno no dependerá, en sus líneas básicas, del resultado de las elecciones), pero inspiran muchos comentarios. Y a mi modo de ver ha faltado uno.
Teniendo en cuenta lo que auguraban las encuestas, ha habido dos sorpresas: que Moreno no ha conseguido la mayoría absoluta y que Adelante Andalucía ha cuadruplicado sus escaños.
Algunos interpretan esto último como éxito de las izquierdas soberanistas, las afincadas en el territorio. Pero en el espacio de la llamada “izquierda alternativa” Sumar tiene al PCE dentro y es un partido más afincado en el territorio que los demás. Otros hablan de la alegría como fórmula. Por ejemplo Alberto Garzón escribe en El Diario: “La radicalidad del mensaje de José Ignacio García [líder de Adelante Andalucía] no ha correlacionado con la faz taciturna y grisácea a la que estamos acostumbrados en los dirigentes de izquierdas —yo el primero—, sino que se ha expresado con una comunicación no verbal basada en ofrecer una promesa de alivio y esperanza”
Qué se yo. Como no estoy en la cabeza de los votantes no puedo asegurar por qué razón han votado a Adelante Andalucía, pero al menos me parece razonable la hipótesis de que alguna gente que no está conforme con lo que hay, que aspira a un país más justo, no ha votado a ese partido porque García haya sido alegre o andalucista, sino porque está cansada de la socialdemocracia y quiere otra cosa, no precisamente autonomismo ni alegría, sino coherencia con un programa de izquierdas. Es una hipótesis, solamente, pero me extraña que, siendo coherente con los hechos conocidos, no sea tomada en consideración.
Hay que tener en cuenta que Adelante Andalucía es el único partido de izquierdas por el que podían optar los votantes anticapitalistas (si dejamos al Partido Comunista del Pueblo Andaluz, al Partido Comunista de los Trabajadores de España y a Izquierda Anticapitalista Revolucionaria, que no contaban para el reparto de escaños, y al PCE, camuflado en la socialdemocracia de Sumar).
Conviene recordar que la corriente de los “anticapis” fue crítica desde el principio dentro de Podemos (por ejemplo en los dos congresos de la formación conocidos como Vistalegre I y Vistalegre II) y que cuando la militancia refrendó con un 97% la decisión de entrar en el Ejecutivo del PSOE, los anticapis se separaron y Teresa Rodríguez fundó el partido que ahora ha tenido este éxito inesperado.
Tres razones para no votar desde la izquierda a los partidos que apuntalan al gobierno del PSOE
Tienen que ver esas razones con el sometimiento al Capital y la incapacidad para poner trabas a sus actividades progresivamente depredadoras:
Una es de índole fiscal: el gobierno acepta nutrirse del IVA (impuesto criminal) y del IRPF de las clases medias para no buscarse líos. Cualquier intento de presión sobre la riqueza de los ricos provoca la acusación de actividad expropiatoria, que va contra el sagrado derecho de propiedad, y el Gobierno palidece y se achanta. Al menos podría proponer leyes justas y dejar que PP, VOX, PNV y Juns las tumbaran, pero ni eso.
La segunda es la incapacidad para salvar la sanidad y la educación públicas del afán privatizador que las sacude.
La tercera es la incapacidad para entrar en el tema de la vivienda de manera efectiva, que no consiste en dedicar 7.000 millones a vivienda social, pues viviendas hay de sobra, sólo que absorbidas por la actividad especulativa. Esos 9.000 millones no solucionan nada de momento, eso sí, benefician a promotores y constructoras. Pasarán años hasta que las viviendas estén construidas y adjudicadas, y algo más, pero no mucho, hasta que engrosen el gran fondo de la especulación al que no se pone coto. Son otras las cosas que habría que hacer y no se hacen: entre ellas prohibir la compraventa especulativa de viviendas que realizan fondos de inversión y otros grandes tenedores, gravar de manera disuasoria a los que tienen viviendas sin uso y a los que transforman pisos residenciales en pisos turísticos, y topar los precios de alquileres. Sólo así se avanzaría en la solución del problema de la vivienda.
Es natural que muchos hayan preferido votar a un partido que se separó de Podemos porque no quiso entrar en un gobierno de coalición atado a las políticas del PSOE.
Zapatero
El caso Zapatero tiene dos alternativas que desembocan, ambas, en el lawfare.
La primera es que Zapatero haya actuado de manera delictiva. La segunda es que no.
Puede que el juez Calama esté actuando con buena intención, pese a lo chapucero de su auto (chapucero en dos puntos clave). Lo que sí tengo claro es que la judicatura española está mostrándonos una u otra forma de lawfare. Forma clara si el señor Zapatero es inocente y se ha montado este cirio para perjudicar por persona interpuesta a Pedro Sánchez. Forma ambigua si hay suficientes indicios de culpabilidad. En este caso nuestra judicatura está incumpliendo el principio de que todos somos iguales ante la ley. Ex-presidentes como Aznar y González han hecho las mismas cosas y en medida mayor que las imputadas a Zapatero y nadie ha intentado investigarlos. Tenemos un sistema judicial que no supo descifrar quien podría ser M. Rajoy, que no quiso ver los clarísimos indicios de delito que había contra la señora Cospedal, que no repara en las comisiones cobradas por el hermano de Ayuso con las mascarillas, ni en la deuda de 400.000 euros de Avalmadrid que no pagó el padre de Ayuso, ni en el caso Almeida-Luceño-Medina…
También son muchos los que se fijan en los tiempos judiciales: mucha rapidez si se va contra el entorno de González (su mujer, su hermano, el fiscal general), y mucha lentitud si los investigados son del PP. El caso de empresas que pagaron cantidades ingentes al despacho creado por Montoro para que el Ministerio de Hacienda y la Agencia Tributaria redactaran leyes a su medida (aparte de una amnistía fiscal donde se regularizaron unos cuarenta mil millones de dinero negro), duerme desde hace años sin que ningún juez haya embargado cuentas y sin que ni siquiera estén previstas declaraciones de los implicados. El juzgado 19 de Madrid encuentra normal que la UCO lleve casi once meses sin entregarle el informe sobre los presuntos delitos de los que está acusado González Amador, el novio de Ayuso. La UCO se escuda en que no tiene acceso a las cuentas bancarias del acusado. ¿Y por qué no tiene acceso a esas cuentas? Ah…
No es de extrañar que podamos leer en algún medio progre cosas como esta: haciendo lo mismo, si eres de derechas eres lobista profesional, todo legal (y te puedes llevar comisiones millonarias, como Aznar, su yerno Agag, el novio de Ayuso), si eres de izquierdas eres un delincuente por tráfico de influencias.
No simpatizo con el PSOE, pero hombre…
La judicatura española
Para describir a la clase judicial española es difícil encontrar palabras si uno quiere esquivar las acusaciones más graves. Lo digo no sólo como espectador de lo que ocurre, sino porque además ejercí bastantes años la abogacía. Invocando a Montesquieu hay gente cansada de afirmar, como si fuera un dogma, que del pueblo emanan los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, que se vigilan y controlan para impedir, por propia ambición, que alguno de ellos predomine sobre los demás. Los que no nos dejamos embaucar sabemos que no hay tres poderes, ni tampoco el poder del pueblo del que ellos emanan, sino un solo poder del que los demás son servidores: el poder del capital.
Esto aparte, en España la judicatura controla a parlamentarios y gobiernos, casi siempre en una dirección. Pero no es controlada, ni siquiera por sí misma.
Nuestro sistema judicial se caracteriza por una forma de reclutamiento demencial: la oposición, que exige aprender de memoria más de 500 temas, como si ese aprendizaje garantizara ecuanimidad de juicio y no un perjuicio mental. Añádase que los tribunales están formados por miembros de una corporación que viene del franquismo y que no fue depurada en nuestra ejemplar “transición”. Y hay que añadir que lo primero que sabe la persona joven que acaba de aprobar las oposiciones es que tiene un gran poder y que será impune en su ejercicio. Podrá llegar tan lejos como quiera. Y claro, a veces llegar lejos, incluso demasiado lejos, puede reportar beneficios. Montesquieu, por volver a citarlo, tenía claro que “todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo; va hasta que encuentra límites”. Pero el límite al poder de un juez es prácticamente inexistente. No lo pone el Consejo del Poder Judicial, formado por jueces, ni lo garantizan los colegas que tendrían que procesar al juez que abusa de su poder. Se conocen nueve casos de condena por prevaricación y eran casos tan clamorosos que no se pudieron tapar. Al juez Peinado ni siquiera se le ha hecho una advertencia, se le ha respaldado, pese a sus continuas y disparatadas arbitrariedades.
¡La codicia como motivación de los que están arriba!
Es necesario preguntarse por qué la corrupción es una plaga que afecta a tantos gobernantes. José Mujica, Anguita, Gerardo Iglesias, que tras ser secretario general del PCE volvió a la mina (algo que le ganó el odio de muchos de sus colegas y sindicalistas) son casos ejemplares de honestidad. Seguro que hay otros que no conozco o no recuerdo, seguro que muchos. El problema es que son demasiados los que, si encuentran ocasión, sucumben a la tentación del dinero. Y lo más sorprendente es que no lo hacen porque estén sufriendo penalidades económicas, ganan más de lo necesario para llevar una vida honorable y cómoda, son por ley casi ricos. Pero quieren más, y de manera tan acuciante que arriesgan el buen nombre (suyo y de familiares) e incluso la libertad. ¿Es que se sienten impunes, es que son idiotas, es que la avaricia ciega su razón a tal punto? ¿Están convencidos de que dejándose dominar por la codicia van a ser más felices?
Estas preguntas apuntan a la conciencia personal y no está ahí la respuesta.
El tremendo historial delictivo de Trump y el silencio mundial
Para criticar que Ayuso haya ido a México con afirmaciones poco diplomáticas, Pablo Simón, uno de los politólogos que opinan con frecuencia en televisión, ha comentado que en “una visita oficial a China, a nadie se le ocurriría presentarse allí y empezar preguntando qué pasa con los derechos humanos o con Hong Kong”.
Estoy seguro de que analista tan ingenioso nunca hubiera optado por esta otra versión: “en una visita oficial a EE UU a nadie se le ocurriría presentarse allí y empezar preguntando qué pasa con los derechos humanos o con Guantánamo”.
Doy por bueno que en China se violan derechos humanos. Pero por mucho que se esfuercen los chinos en esa maldad nunca llegarán a la suela del zapato de Estados Unidos, de su protegido Netanyahu y sus cooperadores europeos.
Todo el mundo medianamente informado ha podido ir sabiendo que en poco más de un año, Trump ha declarado una guerra comercial; ha desatado una fiebre persecutoria contra los migrantes en los EEUU; ha impuesto su criminal “plan de paz” en Gaza después de colaborar en el genocidio sufrido por los palestinos; ha atacado Venezuela secuestrando a su presidente; ha bombardeado Siria, Nigeria y Yemen; ha amenazado con ocupar Groenlandia; ha obligado a los miembros de la Alianza Atlántica a gastar el 5% del presupuesto en armas estadounidenses; intenta asegurarse mediante extorsiones el control del Canal de Panamá; ataca a Irán y como no consigue su rendición le lanza la amenaza bíblica de borrarlo de la faz de la tierra; aplica sanciones a Brasil para intentar interferir en su sistema de justicia; condiciona la ayuda financiera a una Argentina al borde de la quiebra a que gane Milei las elecciones; bloquea puertos y países, impone sanciones a personas, empresas, instituciones y países sin respeto al derecho internacional, como si el mundo le hubiera otorgado el poder de juez universal, como si tuviera el derecho de imponerlas cuando le venga en gana (y da la casualidad de que nunca le apetece imponerlas a los que son delincuentes como él, sólo a personas decentes, por ejemplo a miembros del Tribunal Internacional y a la Relatora de la ONU para Palestina).
Por si fuera poco pasa el día insultando y amenazando a todo el que no le sigue la corriente, como un chulo de barrio agresivo y narcisista. Ahora no le importa decir que desea tener «el honor de tomar Cuba» y «hacer lo que quiera» con la isla.
Algo sobre Cuba
Paremos un momento a recordar que en 1952, tras un golpe militar y con el apoyo financiero, militar y logístico del gobierno de los Estados Unidos, Batista suspendió la Constitución cubana de 1940, revocó la mayoría de las libertades políticas, incluyendo el derecho de huelga, e hizo una política que ocasionó que la mayor parte de la industria azucarera pasara a manos estadounidenses y que los extranjeros poseyeran el 70% de la tierra cultivable. Batista se enriquecía favorecido por la mafia estadounidense, que controlaba los negocios de drogas, juegos de azar y prostitución en La Habana y Cuba se había convertido en el gran lupanar de Estados Unidos, pues el nivel de pobreza de la población era tan grande que muchas personas no tenían otra solución que la prostitución. La revolución castrista acabó con todo eso e inició una de las epopeyas de nuestro tiempo, haciendo frente al gigante opresor y elevando el nivel económico y cultural del pueblo al punto de que Cuba surtía de médicos y maestros a numerosos países del Tercer Mundo.
Sólo por esta razón la isla lleva más de seis décadas bajo un bloqueo económico, comercial y financiero impuesto de manera unilateral que vulnera los principios de igualdad soberana de los Estados, la no injerencia en los asuntos internos y la prohibición del uso de medidas coercitivas, recogidos en la Carta de las Naciones Unidas.
Prácticamente no ha entrado una gota de petróleo en Cuba en lo que va de año y la isla se encuentra sometida a una asfixia energética que se traduce en una crisis humana denunciada por Naciones Unidas, entre otros organismos internacionales.
Por todo esto la vida de los cubanos es muy penosa, pero el causante no duda en presentarse como salvador. La culpa de todo no es de él, sino del castrismo. Lo de siempre.
El pasado 26 de enero Trump ha dictado una orden ejecutiva que declara una «emergencia nacional» con respecto a Cuba, calificando de manera demencial al Gobierno cubano ¡como una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense!, declaración que le sirve de pretexto jurídicopara chantajear a cualquier país que, directa o indirectamente, venda o suministre petróleo a Cuba.
Las nuevas sanciones publicadas por la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) se produce en medio de rumores sobre una inminente orden contra el expresidente cubano Raúl Castro, copia de la que terminó con el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Y nadie hace nada.
Lo más llamativo, se podría decir que impresionante, es la pasividad de los dirigentes mundiales. Está claro que el poder económico que los llevó a sus puestos y que los puede arrojar a los abismos los tiene atados de pies, manos y lengua. Su silencio y pasividad es tal que convierte a nuestro Pedro Sánchez en un David enfrentado con una honda a Goliat. ¿Y qué ha hecho Pedro Sánchez para distinguirse tanto de los demás? Llamar genocidio a la terrible violencia de Netanyahu contra el pueblo palestino y negarse a que las bases estadounidenses en España se utilicen en la agresión contra Irán.
Como contraste, el señor Mark Rutte, que en sus tiempos fue tan duro y despectivo con los países del Sur de Europa, ha justificado los insultos y amenazas de Trump diciendo: «Sometimes, daddy has to use strong language» (“A veces, papi tiene que usar un lenguaje fuerte”).
¿Por qué no hace China algo más?
Sorprende más la pasividad de China, que parece soportar las arbitrariedades del imperio decadente incluso cuando la perjudican (por ejemplo el bloqueo a los puertos iraníes) o perjudican a aliados suyos. En la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, en el genocidio de los palestinos, en los casos venezolano y cubano, la reacción diplomática de China ha sido leve, la militar inexistente y la ayuda material a los dannificados pequeña. A Irán sólo ha enviado ayuda suficiente para mantener una cierta capacidad de subsistencia, pero cuidando de que no sea masiva y decisiva.
A lo más a que ha llegado (junto con Putin) es a hacer una declaración contra el «unilateralismo», el «hegemonismo» y «la ley de la selva» que se está expandiendo por el planeta, referencia directa a Trump y su múltiple estrategia de injerencia y agresión militar. Y más expresamente a declarar que “los ataques militares de EEUU e Israel contra Irán violan el derecho internacional y las normas fundamentales de las relaciones internacionales, y minan gravemente la estabilidad en Oriente Medio». También han condenado el asesinato de dirigentes de países soberanos, la desestabilización de la situación política interna, la instigación de un cambio de poder y el descarado secuestro de líderes nacionales para su enjuiciamiento».
Excepcionalmente China ha reaccionado ordenando a sus empresas que desconozcan las sanciones estadounidenses y que mantengan sus comercios con empresas y países sancionados, ha bloqueado la adquisición por parte de Meta de una prometedora empresa emergente de IA fundada en China y ha dictado normas destinadas a castigar a las empresas extranjeras que acaten los esfuerzos occidentales por reducir su presencia en China. Pero no ha castigado a EE UU interrumpiendo los flujos comerciales o contraatacando con la deuda norteamericana en su poder.
¿No parece poco?
China no quiere pasar de ahí y seguramente tiene buenas razones. Imaginemos que China decidiera escoltar a sus petroleros hasta Irán para abastecerse en sus puertos, o tratara de romper por la fuerza el bloqueo impuesto a Cuba. Tendría pleno derecho a hacerlo, pero a la fiera acorralada es sensato dejarle una salida. Al fin y al cabo muchas de las decisiones arbitrarias de Estados Unidos se deben a que no sabe cómo salir de su decadencia. Y puesto que el viento sopla a favor de China lo más sensato es evitar el riesgo de una guerra mundial. Sentarse a mirar cómo el enemigo se hace daño a sí mismo. Tal vez sea lo único sensato que cabe hacer.
Mirando a largo plazo hay un efecto de las arbitrariedades americanas que no se debe pasar por alto, y es el progresivo fortalecimiento de la alianza estratégica de China y Rusia, que se encuentra en el nivel más alto de su historia, algo que debería preocupar mucho a Estados Unidos. En la reciente visita de Putin a China firmaron declaraciones, acuerdos y memorandos de entendimiento en los que reforzaron la cooperación económica de sus dos países: si durante tres años consecutivos el intercambio bilateral ha superado los 200.000 millones de dólares, en los cuatro primeros meses de este año ha creció un 20%. Pero más importancia tiene que Xi haya propuesto una coordinación del XV plan quinquenal chino con la agenda económica rusa, sobre todo para impulsar la cooperación energética y tecnológica (en especial la conectividad y la inteligencia artificial).
YENDO A LA CAUSA
Hasta aquí he venido hablando de asuntos derivados y de algunas causas próximas, pero no del tema principal, que es la causa última de todo ello. En el Imperio decadente del que somos súbditos el tema fundamental es el capitalismo, que podemos simplificar así: quienes controlan el mercado controlan la economía y por tanto todos los resortes del Estado. Corrompen al que haya que corromper, controlan medios de comunicación y redes, hacen imposible una educación que proporcione a los ciudadanos lucidez, buen corazón y capacidad de resistencia. Puesto que son ellos los que mandan por personas interpuestas (políticos que ganan elecciones, teóricos, analistas, comentaristas y periodistas a su servicio) estamos ante una dictadura disfrazada. Y además con un disfraz irónico, (el de libertad de partidos políticos y elecciones libres, el de libertad de expresión) como si la democracia consistiera en que funcionen estos mecanismos controlados por el Capital.
A partir de este gran escamoteo (perdonen mi insistencia, pero no puedo evitarla), es natural que vivamos en el mundo de la mentira. La ideología conservadora es, por necesidad, la Gran Mentira con la que se pretende legitimar un sistema social racionalmente injustificable (no hay más que poner atención en sus efectos). No debería extrañarnos que los políticos de extrema derecha (PP, Vox) mientan más que hablan. Pero colabora la derecha socialdemócrata, entre otras cosas porque se suma a las mentiras por omisión (callar lo que habría que decir).
En todo caso lo que más debería alarmarnos es que las mentiras rindan fruto, porque eso significa que la población explotada (casi toda) carece de armas intelectuales para identificarlas y defenderse de ellas, incluso cuando se trata de mentiras burdas. Quienes las aceptan por ignorancia no son culpables sino el sistema social que los ha fabricado ignorantes, quienes las aceptan por odio no son culpables, sino el sistema social que los ha fabricado odiadores. De la misma manera se puede decir que quienes sucumben a la codicia no son culpables, sino el sistema social que los ha fabricado codiciosos. Ni la ignorancia, ni la codicia ni el odio son genéticos. Los que ahora son ignorantes, odiadores o codiciosos en un sistema social más racional y justo no lo serían.
Conclusión, del tema principal, de nuestra organización social capitalista se derivan casi todos los temas, que son meras consecuencias de cuya causa no se habla.
¿Polarización?
Algunos propagandistas astutos han tratado de describir el panorama político español hablando de polarización. Hay una facción de extrema derecha (el PP en ella) que se dedica a atacar con insultos furiosos y mentiras, y hay otra facción, la que está en frente, que por razones que no se me alcanzan es incapaz de enfrentarse a esa realidad elaborando respuestas que desarbolen el andamiaje que tienen en frente. Ello se debe, creo yo, a dos causas:
-Por una parte incapacidad comunicativa. La mayoría de quienes tendrían que replicar se enredan en formas académicas poco inteligibles para muchos de los oyentes, jerga monótona que adormece al despierto y no despierta al dormido.
-Por otra parte mala conciencia: no se atreven a cantar las verdades del barquero, porque tampoco son inocentes. Aceptan el capitalismo, sea porque les viene bien, sea porque no quieren enfrentarse a los ricos y a sus medios de comunicación. Así que tienen poco que decir.
De verdades absolutas y relativas
He leído en un periódico digital que alguien refutaba a otro acusándole de estar cegado por la verdad absoluta. He sufrido esa crítica a veces y por eso soy sensible a ella. Es un argumento ad hominem, es decir, una falacia. A los malos argumentos se debe responder refutándolos, no criticando al que los afirma. A los que tenemos ideas claras que molestan (por ejemplo las derivadas del enfoque marxista) se nos acusa de dogmáticos (otra forma de decir que estamos cegados por la verdad absoluta). Que yo sepa no hay verdades absolutas en la ciencia, pero sí en la teología y en las creencias religiosas. Está cegado por la verdad absoluta el que afirma la existencia de dios y de las almas, pues de tales entidades no hay prueba alguna a favor y sí fuertes indicios en contra. No está en cambio cegado por la verdad absoluta el que afirma que el sistema capitalista es una dictadura del capital, pues de ello hay pruebas demoledoras. Es como si se acusara de estar cegado por la verdad absoluta a quien afirma que la tierra es redonda. Es posible tener convicciones firmes sin ser dogmático. Si digo que sólo hay una teoría general de la sociedad (el marxismo), puede cualquiera rebatirme mostrando que existe al menos otra teoría general de la sociedad. ¿Cuál? Si digo que el marxismo es una teoría eficiente se me puede contradecir mostrando que hay análisis preferibles. ¿Cuáles? En mis muchos años de profesor de universidad he polemizado con colegas bien informados: los que querían rebatir esas dos afirmaciones se iban por las ramas, por ejemplo haciendo gestos que querían decir ¿pero no es el marxismo una teoría antigua, que ya no vale, que ha sido suficientemente criticada? Y no podían ir más lejos.
Otro recurso muy socorrido es alabar la duda como si fuera la posición intelectual más segura. El que duda se presenta como menos dogmático. Pero aunque a veces es razonable dudar, a veces no. A veces alguien dice que duda no porque dude: es que quiere librarse de afirmar verdades incómodas.